Internet, aprendizaje y escuela: reorientando las preocupaciones

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Una cuestión de puntos de vista…
Hace un tiempo, en otro post les comenté aspectos generales sobre el libro Generaciones Interactivas, esta vez quiero hacer referencia a un aspecto en particular del segundo capítulo del libro en el que se realiza una mirada sobre el lugar que Internet ocupa en la vida de los jóvenes
Recordemos que el estudio se realizó en zonas urbanas sobre chicos de entre 6 y 18 con acceso a Internet (ya sea en sus hogares o fuera de ellos) con el objetivo de identificar las características de lo que se denomina la “generación interactiva”.
El texto arroja información muy interesante para comprender a los adolescentes que habitan nuestras instituciones educativas y para dar cuenta del lugar que la escuela ocupa en la relación de los jóvenes con Internet.
Sin embargo, son varias las lecturas que podemos hacer a partir de algunos datos, que en principio y con una interpretación rápida, podrían parecer preocupantes y negativos, pero quizás no lo sean.
Voy a compartir tres ejemplos que ilustran esta hipótesis, aunque les recomiendo la lectura del texto completo.
1 – ¿Quién les enseña a los chicos a usar Internet?: La escuela, no.
Se les preguntó a los chicos encuestados quién les había enseñado a usar Internet. La mayoría de los jóvenes han afirmado que aprendieron solos. Luego aparecen las categorías de hermanos o amigos y muy relegados los profesores.
2 – ¿Quién acompaña a los chicos cuando usan Internet? Los docentes, no.
Se les consultó además, qué compañía suelen tener mientras navegan. En este aspecto también se destaca la actividad solitaria y en ultima instancia aparecen los docentes y padres.

3 – ¿Qué actividades dejan de lado por navegar?: La tarea escolar.
Se les consultó también a qué actividades les roban tiempo para dedicarlo a usar Internet. El caso argentino se destaca por el hecho de que los chicos le restan el mayor tiempo a la tarea escolar para navegar.
¿Qué conclusiones podemos obetener?
Al leer estos datos, podríamos alarmarnos y pensar que los jóvenes se encuentran cada vez más aislados, que pierden tiempo valioso de estudio frente a la PC y que es preocupante la calidad de los aprendizajes (incluso lo perjudiciales que podrían ser) debido al lugar relegado que tienen la escuela y los adultos frente a las pantallas.
Sin embargo, en lugar de interpretar estas cuestiones en un sentido negativo, deberíamos hacer de ellas información útil y desafiante:
Partamos de la convicción de que niños y jóvenes con acceso a Internet fuera de la escuela es un dato sumamente positivo, de hecho, la realidad indica que en muchos casos los chicos están mejor equipados en sus hogares que en las aulas. En todo caso, una preocupación que debería despertar nuestro escepticismo y concentrar buena parte de nuestras energías es la enorme cantidad de chicos que por diversos motivos no tienen acceso (aunque se trata de otra cuestión).
¿Aislados en la web social? tranquilos, es imposible!
En términos generales, que los jóvenes naveguen en soledad no debería generar preocupación en lo que respecta a su socialización. Los miedos de padres y docentes oscilan entre un supuesto aislamiento y encierro, casos de ansiedad (estos días leí un nuevo concepto perfecto para pedagogos la “tecnoansiedad“), hasta la superficialidad o irrealidad de los contactos virtuales.
Internet presenta diversas alternativas en la que los jóvenes comparten, conversan producen de forma colaborativa, debaten, juegan entre pares y llevan una vida social y afectiva como la de cualquier adolescente inclusive más amplia y global, claro bajo nuevas reglas.
Cuando las únicas fuentes de aprendizaje dejan de ser los adultos o cómo aceptar que Internet también enseña.
Una característica de la “generación interactiva” es que se rodea de múltiples fuentes de aprendizaje no escolares. El proceso se desarrolla con mayor autonomía, de manera colaborativa y entre pares, es activo, puede satisfacer mejor los intereses, es más atractivo y desafiante, agiliza la capacidad de resolución de problemas, demanda esfuerzo cognitivo, puede ser más gratificante y en algunas ocasiones podrían ser aprendizajes muy valiosos y complementarios de los escolares.
No debemos descartar el interesante rol que profesores bien capacitados podrían cumplir como “mediadores” o “guías” en dicho proceso, inclusive enriqueciéndolo, sin embargo, es exagerado pensar que sin intervención adulta los jóvenes desaprovechan completamente la herramienta, se exponen a enormes peligros o se limitan siempre a un consumo netamente superficial e innecesario.
En el peor de los casos se divierten, en el mejor de los casos aprenden!
Los chicos argentinos son los que más tiempo le quitan al estudio y a la tarea escolar para dedicarlo a navegar en Internet. Ante este dato podríamos alarmarnos, restringir el uso de Internet, alejar a los chicos de las pantallas y buscar estrategias para recapturar la atención de estos “jóvenes perdidos”.
Sin restarle importancia al saber escolar y académico (y apelando a lograr un equilibrio productivo entre ambas ocupaciones), es un error creer que un chico conectado a Internet no está aprendiendo absolutamente nada. Los chicos utilizan la web para entretenerse, jugar, conversar y consumir, pero también al navegar conocen múltiples herramientas, reciben información de innumerables fuentes y lugares, manejan códigos diferentes, en ocasiones aprenden idiomas, resuelven dudas, gestionan sus actividades, producen, comparten, se relacionan con pares de cualquier rincón del planeta y se expresan.
Por lo tanto no sería conveniente asumir que el tiempo destinado a las pantallas es necesariamente tiempo perdido o perjudicial. En todo caso, podemos considerar estos aprendizajes como un complemento no-formal en la educación y desarrollo de las “generaciones interactivas”.

El verdadero problema lo tiene la escuela…
Los datos arrojados por este estudio no ponen en jaque a Internet sino que nos interpelan a nosotros para analizar esta información, que ni positiva o negativa (ni alarmante o alentadora), es la realidad en la que debemos repensar (y reconstruir) la escuela.
En ocaciones, la lectura que hacemos de la realidad es relativa a la comprensión que tenemos de la misma.
Sin dudas, el informe demuestra que los chicos definitivamente están siendo protagonistas de un nuevo escenario con nuevas reglas, nuevos lenguajes y nuevos sentidos que comprenden naturalmente.
Nosotros, debemos saber interpretarlo y en lugar de analizarlo desde concepciones caducas, debemos tenerlo en cuenta para reorientar la reflexión sobre el desafío que ello implica para una escuela que aún pertenece (y se aferra) al viejo paradigma.

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